«Típico de Escorpio.» «Normal, tiene el ascendente en Leo.» La astrología nunca había circulado tanto: aplicaciones, memes, biografías de perfiles, horóscopos diarios. Muchos conocen su signo, algunos su ascendente, pocos saben de verdad cómo funciona una carta astral. Un breve paseo por el cielo, de Babilonia a la ciencia de hoy.
De los sacerdotes babilonios a Ptolomeo
La astrología nace en Mesopotamia. Durante siglos, los sacerdotes babilonios observan el cielo para leer en él presagios destinados al rey y al reino: un eclipse o la posición de un planeta anuncian una guerra o una buena cosecha. Hacia el siglo V antes de nuestra era, dividen la franja del cielo que recorren el Sol, la Luna y los planetas en doce partes iguales de 30 grados: nace el zodiaco. Los horóscopos de nacimiento más antiguos que se conocen, escritos en tablillas de arcilla, datan de finales de ese mismo siglo.
Los griegos retoman y enriquecen este saber. En el siglo II de nuestra era, el astrónomo Claudio Ptolomeo, en Alejandría, lo sintetiza en un tratado, el Tetrabiblos, que será la referencia de la astrología occidental durante más de mil años. En aquella época, astronomía y astrología eran una sola cosa: se estudiaba el movimiento de los astros y se buscaba lo que anunciaba.
Qué contiene una carta astral
Una carta astral es un mapa del cielo en el momento y el lugar exactos del nacimiento. Tiene tres grandes ingredientes.
Los planetas. La astrología tradicional cuenta siete, es decir, todos los astros visibles a simple vista que se desplazan por el cielo: el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Urano (descubierto en 1781), Neptuno (1846) y Plutón (1930) se añadieron después de su descubrimiento. Cada uno simboliza una energía: el impulso de Marte, la dulzura de Venus, el rigor de Saturno…
Los signos. Indican dónde está cada planeta en el zodiaco. Tu signo solar, el del horóscopo del periódico, es simplemente la posición del Sol cuando naciste. Por eso basta con tu fecha de nacimiento para encontrarlo.
El ascendente y las casas. El ascendente es el signo que asoma por el horizonte este en el momento preciso del nacimiento. Como la Tierra gira, cambia de media cada dos horas: dos personas nacidas el mismo día en el mismo lugar pueden tener ascendentes distintos. Sirve de punto de partida a las doce casas, que asocian cada porción del cielo a un ámbito de la vida (la pareja, el trabajo, la familia…). Para calcularlo hacen falta la hora y el lugar de nacimiento.
El cielo se ha movido desde Ptolomeo
Hay un detalle que los horóscopos suelen omitir. El eje de la Tierra no apunta siempre en la misma dirección: describe lentamente un círculo, como una peonza, en unos 26 000 años. Es la precesión de los equinoccios, descubierta por el astrónomo griego Hiparco en el siglo II antes de nuestra era.
Consecuencia: desde que se fijó el zodiaco, las constelaciones se han desplazado casi un signo entero respecto al calendario. Quien se cree Aries nació, en la mayoría de los casos, cuando el Sol estaba delante de la constelación de Piscis. Y entre finales de noviembre y mediados de diciembre, el Sol atraviesa también una decimotercera constelación que la astrología ignora: Ofiuco, el Serpentario.
Los astrólogos occidentales tienen una respuesta: su zodiaco, llamado tropical, no sigue las constelaciones sino las estaciones. Aries empieza siempre en el equinoccio de primavera, sea cual sea la estrella que haya detrás del Sol. La astrología india, en cambio, usa un zodiaco sideral que sigue las constelaciones, de modo que la misma persona suele tener allí otro signo.
La astrología puesta a prueba
Si la astrología describe de verdad la personalidad, debería poder comprobarse. Los científicos lo han intentado muchas veces.
En 1985, el físico estadounidense Shawn Carlson publica en la revista Nature un experimento de doble ciego, diseñado con ayuda de astrólogos. Estos reciben la carta astral de un voluntario y tres perfiles de personalidad elaborados con un cuestionario psicológico, de los que solo uno es el correcto. Los astrólogos habían anunciado que acertarían en más de la mitad de los casos. Encontraron el perfil correcto aproximadamente una vez de cada tres: exactamente lo que da el azar.
Otro estudio, de Geoffrey Dean e Ivan Kelly, publicado en 2003, analizó a más de 2000 londinenses nacidos en marzo de 1958, a menudo con minutos de diferencia. Estos «gemelos astrales» comparten prácticamente la misma carta. En un centenar de características medidas desde la infancia hasta el inicio de la edad adulta (personalidad, inteligencia, aptitudes, situación social…), no se parecían más que personas nacidas en fechas distintas.
El estadístico francés Michel Gauquelin creyó detectar un «efecto Marte»: los grandes campeones deportivos habrían nacido más a menudo cuando Marte acababa de salir o de culminar. Sus resultados suscitaron décadas de controversias, pero los intentos de comprobación de otros investigadores no los confirmaron.
Hoy el consenso científico es claro: ningún estudio riguroso ha demostrado que la posición de los astros al nacer influya en la personalidad o el destino.
Por qué nos sigue gustando
Si la astrología resiste siglos de críticas, es porque responde a algo distinto de una necesidad de pruebas. Sus descripciones se benefician del efecto Barnum: retratos lo bastante generales y halagadores como para que cada uno se reconozca. Ofrece un lenguaje común para hablar de uno mismo y de los demás, a menudo con humor. Crea vínculos: comparar signos es una forma excelente de empezar una conversación. Y propone un relato tranquilizador en épocas de incertidumbre.
Se puede tomar perfectamente así, como un juego de espejos y un repertorio de símbolos, sin pedirle que prediga el futuro. Es el espíritu de nuestros quiz de astrología: ¿Eres de verdad tu signo o solo su cliché? se interesa por tu relación con la astrología, y otros parten de tus hábitos en vez de tu fecha de nacimiento para asociarte un signo, un planeta o un arquetipo.
En resumen
- La astrología nació en Mesopotamia; el zodiaco de doce signos data del siglo V antes de nuestra era, y Ptolomeo fijó sus reglas en el siglo II.
- Una carta astral combina los planetas, los signos y el ascendente, que depende de la hora y el lugar de nacimiento.
- Por la precesión, los signos ya no coinciden con las constelaciones; la astrología occidental sigue las estaciones.
- Las pruebas científicas nunca han mostrado una influencia de los astros en la personalidad. La astrología sigue siendo un lenguaje y un juego, no una ciencia.


